Estas navidades decidí darme un capricho a modo de auto-regalo… algo que llevaba rondando mi mente varios meses ya. En efecto, se trataba de un SSD (Solid-State Drive). Una vez decidido a comprarlo empecé a buscar y a comparar en tiendas online, pero andaba un poco perdido en cuanto a las novedades, así que busqué en Xataka. En uno de los artículos, leí un comentario que me llamó la atención y que decía: […] SSD Vertex 2 (el mejor del mercado hoy por hoy 100% recomendable) de 120GB […], así que me puse a buscar más información acerca de él.

Tenía muy buenas características, un precio elevado pero no astronómico y era uno de los más solicitados en las tiendas (por algo sería…), así que me puse a leer algún que otro análisis (los buenos suelen estar en inglés…) y finalmente me decidí por él, concretamente por uno de 120GB.

La idea de estos discos es para almacenar el sistema operativo, programas y los archivos más usados, no para almacenamiento masivo como fotos o películas. Calculé cuánto me podía ocupar todo eso y el de 120GB era el que más me convenía: más no porque el precio empezaba a dispararse y ya no resultaba tan atractivo y menos tampoco, porque no me quería quedar corto o muy justo.

Lo iba a comprar en Alternate, pero entonces me acordé de que tenía un cupón de 30€ para Amazon.de y qué mejor ocasión que ésta para utilizarlo (nada de preocuparse por si viene en alemán). Actualmente su precio ronda los 200€, así que se me quedó en 166€ envío incluido, así que nada mal. Lo malo es que al venir de Alemania me tardaría más que comprándolo en una tienda online española, pero el cupón descuento fue decisivo. Además, Amazon es una (sino la que más) de las mejores tiendas online.

La verdad, todo apuntaba a que sería un excelente SSD. Y no me equivoqué. Pero hasta que llegué a disfrutarlo como debía pasaron varios días… y muchos dolores de cabeza. Me pasaron todo tipo de cosas. Todo empezó cuando me dispuse a instalar Windows 7 en el recién estrenado SSD…

Nunca me olvidaré de ti

Ese puñetero mensaje (por no decir otra cosa) fue el culpable de que todo empezase mal: no podía instalar Windows 7 en el SSD, de ninguna manera. Siempre salía ese mensaje después del primer reinicio (más concretamente cuando estaba iniciando servicios), y cuando reiniciaba, salía otro mensaje diciendo que la instalación no se había completado bien y que tendría que volver a empezar (o algo así).

Intenté instalar Windows de todas las maneras posibles; no sé cuantas veces lo haría probando diferentes cosas, que si instalar sólo con los componentes esenciales del ordenador, que si instalando desde un pendrive por si era cosa del lector de DVD, que si otra imagen de Windows por si la mía estuviera dañada… Nada, todas y cada una de las intentonas fueron fallidas.

Entonces pensé que tal vez el SSD estuviera defectuoso, así que para descartar esta opción instalé Ubuntu 10.10 en él. Funcionó a la primera, así que no era cosa del SSD. Al comprarlo de 2,5 pulgadas lo podría usar también en un ordenador portátil, así que se me ocurrió meterlo en el mío y ver si desde allí podía instalar Windows 7.

El SSD de 2,5 pulgadas viene con un adaptador para bahías de 3,5 pulgadas, pero no incluye el cable de datos SATA

Eso lo probé nada más probar a instalar Ubuntu en el de sobremesa, así que cuando arranqué el portátil con el SSD me quedé boquiabierto, literalmente. ¿Por qué? pues porque Ubuntu arrancó como un auténtico rayo. Desde que pulsé el botón de encendido hasta que vi el escritorio, no pasarían más de 10 segundos… No lo cronometré, pero probablemente fue el arranque más rápido de un sistema operativo que hubiera visto hasta la fecha, teniendo en cuenta que en esos pocos segundos también estaba incluida la carga de la BIOS.

Además, aquello me llamó doblemente la atención, porque la instalación fue hecha en el ordenador de sobremesa, y el portátil tenía un hardware totalmente diferente… pero arrancó, instaló lo nuevo que detectó (el Bluetooth, el WiFi, etc.) ¡y aquí como si no hubiera pasado nada! Así que un aplauso para la comunidad, de verdad.

La emoción duró poco porque enseguida formateé de nuevo para ver si conseguía instalar Windows en él… y esta vez lo conseguí. Así que todo apuntaba a que había algo en mi ordenador de sobremesa que daba algún tipo de problema con la instalación de Windows 7 en un SSD. Por supuesto, en este caso, el pasar de un Windows instalado en el portátil a intentar arrancarlo desde el sobremesa fue inútil porque daba una BSOD.

Al final se me ocurrió instalar Windows 7 en un disco duro normal y luego clonarlo al SSD, aunque me resultaba una pequeña chapuza, la verdad. Pero ya no me quedaban más opciones, lo había probado ya todo y en Internet no encontré ayuda con ese dichoso error (si al menos hubiera aparecido en inglés…).

Si estás pensando en cuánto polvo hay, te diré que eso no es nada

Llegado a este punto me encontraba en mi 2ª fase de problemas relacionados con el SSD… La idea al final dio resultado, pero hasta que me salió bien también sufrí de unos cuentos formateos / instalaciones. Nunca había clonado un disco duro, así que tuve que mirar el software que existía y primero me decanté por el Clonezilla. Parecía que iba bien la cosa pero luego no conseguía arrancar desde el SSD.

Yo no sé que pasó, pero llegué a un punto en el cual ni siquiera la BIOS (ni la del sobremesa ni la del portátil) me reconocía el SSD, era como si estuviera muerto. Ya me estaba poniendo nervioso de verdad y pensando en si Amazon me devolvería el dinero… Luego, mágicamente, volvió a la vida y pude volver a hacer más pruebas. Cosas de la informática.

Probé otro software clonador de discos, esta vez el Acronis True Image Home 2011, y éste fue el bueno. Tal vez el Clonezilla no lo manejé bien, pero el caso es que el Acronis fue el salvador. Cuando por fin vi la pantalla de Windows 7 iniciándose sentí una gran satisfacción por haberlo conseguido y poder disfrutar de mi compra de una vez por todas.

Pero todavía me quedaba pasar por mi 3ª (y última) fase de problemas. Resulta que el rendimiento del SSD no era el esperado. Por supuesto, notaba muchísima diferencia respecto a un disco duro tradicional, pero hice un test con el ATTO Disk Benchmark y no me dio unos datos acordes a las características del SSD. Me faltaba hacerlo funcionar bajo AHCI. Esta característica ha de ser soportada por el hardware y estar disponible en la BIOS, pero aparentemente cumplía lo primero pero no lo segundo.

Me metí en la BIOS y bajo “Sata mode” sólo me salían las opciones de ATA y RAID, siendo ATA la seleccionada. Y claro, RAID no era lo que yo quería, sino AHCI. Al no estar disponible en esas opciones ni en ninguna otra parte de la BIOS busqué por Internet y había mucha gente que preguntaba lo mismo que yo y pedía a Dell una actualización de la BIOS… actualización que por supuesto nunca llegaría. Indignado con Dell, ya me estaba viendo modificando la NVRAM como hice con el portátil para habilitar la virtualización, pero en este caso no parecía tan sencillo y aunque alguien lo planteó, no se llevó a cabo.

Ya casi me di por vencido, pero finalmente decidí probar a poner la opción RAID, porque en los foros de Dell había quien decía que esa opción era AHCI realmente, pero otros decían que así no conseguían nada. Como no me quería quedar con la duda, hice un backup de mis datos por si acaso y lo probé. Y como estaba previsto, recibí una BSOD nada más intentar arrancar Windows, pero eso ya había leído que se solucionaba cambiando un valor del registro.

Pero no lo conseguía tampoco de esa manera, y probé otros métodos “más extraños” y enrevesados que tampoco me funcionaron. Lo malo es que cada vez que me fallaba el arranque tenía que reiniciar, entrar a la BIOS, volver a cambiar a ATA, otro reinicio, volver a Windows, probar otra cosa, reiniciar, volver a poner RAID en la BIOS y reintentar arrancar Windows. Casi nada.

Al final, después de leer inútilmente muchas cosas acerca de cómo activar AHCI con Windows ya instalado, esta página fue la salvadora en esta ocasión. Desde el principio estaba haciendo lo correcto, pero sólo cambiaba un registro de los dos que había que cambiar. Tan fácil como eso.

Una vez arranqué satisfactoriamente en modo AHCI, sólo me quedaba instalar los controladores de Intel (que mejoran el rendimiento respecto a los que vienen de serie con Windows 7). Y entonces, sólo entonces, me sentí satisfecho con la compra. Algo que parecía un juego de niños me costó demasiado, pero finalmente lo había logrado.

ATTO Disk Benchmark comparando el disco duro de serie (izquierda) con el nuevo SSD (derecha)

El disco duro que venía de serie en el ordenador era (y sigue siendo) bastante bueno, un Western Digital Caviar Blue de 640GB, pero claro, comparándolo ahora con el OCZ Vertex 2, se queda muy atrás. El SSD casi casi triplica la tasa de lectura, pasando de unos 94 MB/s a unos asombros 280 MB/s, prácticamente lo que anuncia el fabricante. En escritura tampoco se queda corto y alcanza casi los 270 MB/s una también increíble cifra. También hay que tener en cuenta que el test del SSD lo hice desde él mismo, al contrario que el disco duro tradicional, que estaba conectado como una unidad independiente.

También probé a ejecutar de nuevo la Evaluación de la experiencia en Windows (WEI para los amigos) y ahora el disco ha dejado de ser el gran cuello de botella en el ordenador. Antes rondaba los 5,x, donde la x estaba más cerca del 9 que del 0 (no recuerdo el valor exacto).

Ahora hacer cualquier cosa relacionada con operaciones de lectura/escritura en disco es mucho, mucho más rápido. Donde más lo noto es en la apertura de programas; es algo que da gusto verlo. Es prácticamente como si ya los tuvieras cargados en RAM desde un principio. También se nota un montón al instalar programas (no desde dispositivos ópticos, claro), al buscar archivos (es instantáneo) y en la suspensión / reanudación / hibernación de Windows.

Donde sí que me esperaba un poco más de diferencia es en el arranque del sistema: aproximadamente unos 10-12 20 segundos desde que aparece la pantalla de “Iniciando Windows” hasta ver el escritorio. Claro que ahora, nada más verlo, ya puedes ir lanzando aplicaciones…

Otro vídeo mostrando de lo que es capaz el OCZ Vertex 2

El precio de los SSD sigue siendo bastante caro, pero cuando sean un poco más asequibles, tipo 1GB = 1€ (apuesto a que este año lo veremos), será un elemento muy a tener en cuenta para mejorar tu ordenador por relativamente poco dinero. La diferencia se nota, y mucho.

Actualizado: 17/01/11